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Cuestionan que prueba Simce apunte a mejorar la calidad

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Encuesta del CIDE a Actores del Sistema Educativo 2012: 58,6% de los docentes dice que el Simce genera una mayor mecanización en los procesos de enseñanza–aprendizaje y un 67,8% que produce focalización en las asignaturas que mide la prueba.

• Investigadora UAH Alejandra Falabella: “se requiere pensar integralmente un sistema evaluativo, que esté al servicio del desarrollo profesional docente y el mejoramiento educativo, no de la competencia entre establecimientos por un mejor puntaje”.

• Decano Facultad de Educación UAH Jorge Radic: “Hay que corregir la Ley de Aseguramiento de la Calidad, que da un peso desmedido al Simce. Hay aspectos que este no puede medir, como la formación en ciudadanía, la creatividad, el clima escolar o la autoestima. Lo que el Simce provoca es un ordenamiento socioeconómico de las escuelas”.

No es la prueba en sí misma sino el uso que se le otorga y las consecuencias que ocasiona lo que cuestionan académicos de la Universidad Alberto Hurtado, cuando se refieren al Simce.

La Encuesta CIDE a Actores del Sistema Educativo 2012, que ya lleva nueve mediciones, entrega resultados decidores: Un 71% de los profesores y un 66% de los directores escolares consideran que se le otorga una importancia exagerada al Simce.

La encuesta muestra que un 58,6% de los docentes dice que esta prueba genera una mayor mecanización en los procesos de enseñanza–aprendizaje; y que un 67,8% piensa que produce focalización en las asignaturas que mide la prueba. Desde 2000, la importancia otorgada al Simce había ido en aumento, tanto por parte de profesores, directores y apoderados, sin embargo en 2012 tuvo una baja.

El año 2000 la mitad de los profesores le daba poca o ninguna importancia a dicha evaluación para promover acciones de mejoramiento del aprendizaje, mientras que en los últimos años esa proporción ha bajado hasta un 20%. Sin embargo, en 2012 dicha tendencia se revierte, provocándose una disminución de la percepción sobre la importancia del Simce por parte de los profesores. La mayor crítica es el uso que se da al Simce.

El Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Alberto Hurtado Jorge Radic señala que esta prueba tiene una capacidad limitada para medir la calidad una educación integral y pese a eso sus resultados tienen altas consecuencias. Cuestiona el sistema de ordenamiento de escuelas que utiliza la Agencia de la Calidad, ya que otorga una importancia desmedida al Simce; en la práctica un 70 % del valor lo entregan los resultados en lenguaje y matemática obtenidos en esta prueba.

“Las categorías sobresimplifican la situación. Claro que se necesita agrupar a los establecimientos porque no todos requieren el mismo apoyo. Como política nacional se necesita un filtro, pero este se busca hoy con una fórmula mecánica, regida por los resultados del Simce y con muy pocos indicadores en otros sentidos, los que además son recogidos con instrumentos inadecuados. Hay que corregir la Ley de Aseguramiento de la Calidad y trabajar en otro tipo de instrumentos que puedan medir efectivamente los aspectos que plantea esta normativa: desarrollo de ciudadanía, convivencia escolar y autoestima. El establecimiento de parámetros es algo que resolverse en este o el próximo año”.

Agrega que “una escuela que tiene mejor puntaje no es necesariamente la mejor escuela. El Simce aplicado de esa manera, sin un filtro referido a aspectos relacionados, por ejemplo, a la selección de estudiantes, finalmente lo que provoca es un ordenamiento socioeconómico de las escuelas. Es lo mismo que se produce con la PSU”.

Por otra parte, la investigadora del CIDE y académica de la Facultad de Educación Alejandra Falabella señala que lo problemático no es el instrumento en sí mismo, sino cómo este se vincula con un conjunto de políticas: publicación de los resultados en los medios, ordenamiento y ranking de las escuelas, entrega de premios y sanciones por los resultados.

Dice que “el modelo actual desequilibra el balance que debe existir entre presión y apoyo. La presión por resultados evaluativos desvirtúa el sentido profundo de mejorar la calidad de la educación chilena. El término de la selección de alumnos obliga a repensar el modelo de evaluación; no queremos escuelas que sean premiadas por seleccionar ni adiestrar a sus alumnos, ni castigar a aquellas escuelas que acogen a niños con diferentes niveles de aprendizajes. Debemos avanzar hacia un modelo que valore y celebre escuelas que integran y se responsabilizan con que todos sus niños y niñas aprendan de acuerdo a sus distintos ritmos”.

La investigadora propone que:

i. Los resultados estén al servicio de la política pública, y de los equipos escolares, pero que no sean publicado en los medios públicos
 ii. Bajar la intensidad de pruebas a cada tres años, y solo en dos niveles, uno al finalizar el ciclo básico (6to), otro en la educación media (2do)
iii. Terminar con las consecuencias ligadas a premios y castigos
iv. Crear un modelo de acompañamiento y evaluación local por medio de los futuros Servicios Locales de Educación (y por tanto consecuencias contextualizadas, con sentido y fundamento).

Datos de la Encuesta CIDE a Actores del Sistema Educativo 2012 sobre el Simce


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